One Piece
“Y entonces apareció Luffy”
Empecé a verla para no pensar… y terminó encontrándome.
Llegué al One Piece después de que Mafalda —mi perrhija— viajó al puente del arcoíris.
No me daba miedo enfrentarme a más de mil capítulos.
Lo que necesitaba era algo que me acompañara durante horas, después del trabajo… para no pensar tanto.
Y así llegó Luffy.
Al principio eran solo capítulos llenando horas vacías.
Luego, sin darme cuenta, empezó a decir algo más.
Sobre seguir, aunque no tengas todo claro.
Sobre avanzar a tu ritmo.
Y llegó Laboon.
Laboon no es solo una historia en One Piece.
Es un recordatorio de lo que significa esperar… sin soltar.
Una ballena que espera.
Años. Sin certezas.
Y aun así, sigue ahí.
No sé si fue la historia o el momento…
pero entendí algo:
No todo se trata de avanzar rápido.
A veces se trata de no soltar lo que importa.
Mi Mafalda ya no está aquí.
Pero me gusta pensar que, de alguna forma, sigue.
Como esos vínculos que no se rompen.
Y por eso yo también sigo.
A mi ritmo.
Y sí… esto también se quedó conmigo:



